Los siete salmos
penitenciales.
Siete oraciones de la Biblia que la Iglesia reza desde hace siglos para reconocer el pecado, pedir perdón y confiar en la misericordia de Dios. Aquí las tienes todas, con su texto y su significado.
Qué son los salmos penitenciales
Los salmos penitenciales son un grupo de siete salmos que, ya desde los primeros siglos del cristianismo, se rezan juntos como itinerario de arrepentimiento. No los une el número ni el autor, sino un mismo movimiento del alma: reconocer la propia culpa, clamar desde el dolor y descansar en el perdón de Dios. San Agustín los tenía escritos en la pared de su habitación para rezarlos en sus últimos días.
Son los salmos 6, 32, 38, 51, 102, 130 y 143. El más conocido es el Salmo 51 o Miserere, corazón de todo el grupo, pero cada uno aporta un matiz distinto: desde el grito del que ha tocado fondo hasta la alegría serena de quien ya ha sido perdonado.
- 1Salmo 6: oración en la angustia y el agotamientoSúplica desde el cansancio: "Ten piedad de mí, que desfallezco".
- 2Salmo 32: la dicha del pecado perdonadoLa alegría del perdón: "Dichoso aquel cuya culpa es perdonada".
- 3Salmo 38: cuando el pecado pesa como una cargaEl peso de la culpa: "Mis culpas me abruman como una carga pesada".
- 4Salmo 51 (Miserere): la gran oración de perdónEl salmo penitencial por excelencia: "Crea en mí un corazón limpio".
- 5Salmo 102: oración del afligido que desfalleceLa fragilidad ante Dios: "Mis días se desvanecen como el humo".
- 6Salmo 130 (De Profundis): oración desde lo más hondoEl clamor desde el fondo: "De lo profundo, Señor, a ti clamo".
- 7Salmo 143: "No entres en juicio con tu siervo"Humildad radical: "No entres en juicio con tu siervo".
Cómo rezarlos
No hay una única forma correcta. Puedes rezar uno cada día, deteniéndote en las frases que resuenan con lo que llevas dentro, o rezarlos los siete seguidos como examen de conciencia, algo tradicional en la Cuaresma y en la preparación para la confesión. Lo importante no es recitarlos deprisa, sino hacer tuyas sus palabras: dejar que el salmo ponga voz a lo que a veces no sabemos decir.
Si estás empezando, el Salmo 51 es la mejor puerta de entrada; y el Salmo 130 (De Profundis), el que mejor acompaña las horas más oscuras.
Del rezo a la paz
Rezar un salmo abre el corazón; confesar suelta el peso. Hazlo aquí, en la penumbra donde nadie ve tu rostro. Es anónimo y siempre está abierto.
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