Perdón

Salmo 143: "No entres en juicio con tu siervo"

El Salmo 143 cierra la serie de los siete salmos penitenciales. Su súplica es la más humilde de todas: no pide justicia, porque sabe que ningún ser humano puede justificarse ante Dios; pide misericordia. Y no se queda en el perdón: pide aprender a hacer la voluntad de Dios y ser guiado por su Espíritu.

Señor, oye mi oración, escucha mis súplicas; respóndeme por tu fidelidad y por tu justicia. No entres en juicio con tu siervo, porque ningún ser vivo puede justificarse ante ti.

Mi espíritu desfallece dentro de mí; mi corazón está desolado. Extiendo hacia ti mis manos; mi alma tiene sed de ti como tierra reseca.

Hazme sentir por la mañana tu misericordia, porque en ti confío. Muéstrame el camino que debo seguir, porque a ti elevo mi alma.

Enséñame a cumplir tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen Espíritu me guíe por tierra llana. Amén.

Nadie puede justificarse solo

La frase que da fuerza a este salmo es una confesión de humildad radical: "ningún ser vivo puede justificarse ante ti". El salmista renuncia a presentar méritos; sabe que no tiene con qué. Por eso no reclama justicia, que lo condenaría, sino misericordia, que lo salva. Es la actitud del que se sabe pecador y deja de fingir lo contrario.

De la súplica a la guía

El salmo no termina pidiendo solo perdón, sino algo más: "enséñame a cumplir tu voluntad", "tu buen Espíritu me guíe". El arrepentimiento verdadero no se conforma con borrar el pasado; quiere caminar distinto de ahora en adelante. Por eso es una oración perfecta para después de confesarse: pedir no volver a caer y dejarse conducir por Dios.

«No entres en juicio con tu siervo, porque ningún ser vivo puede justificarse ante ti.»
Salmos 143:2

Del rezo a la paz

Rezar abre el corazón; confesar suelta el peso. Hazlo aquí, en la penumbra donde nadie ve tu rostro. Es anónimo y siempre está abierto.

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