Salmo 6: oración en la angustia y el agotamiento
El Salmo 6 abre la serie de los siete salmos penitenciales. Es la oración de quien está exhausto, enfermo por dentro, agotada el alma de tanto sufrir. No presenta grandes argumentos: solo pide piedad y se apoya en la misericordia de Dios como último asidero.
Señor, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues en tu ira. Ten piedad de mí, Señor, porque desfallezco; sáname, Señor, porque mis huesos se estremecen.
Mi alma está muy turbada; y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, libra mi alma; sálvame por tu misericordia.
El Señor ha oído la voz de mi llanto; el Señor ha escuchado mi súplica; el Señor ha recibido mi oración. Amén.
Cuando el cuerpo y el alma se agotan
Este salmo no distingue entre el sufrimiento del cuerpo y el del espíritu, porque quien reza está agotado en ambos: "mis huesos se estremecen", "mi alma está muy turbada". Es una oración para las noches en que no quedan fuerzas ni para rezar bien; basta el gemido sincero. Dios no pide elocuencia, solo verdad.
"¿Hasta cuándo, Señor?"
El salmista se atreve a preguntar lo que muchos callan: ¿hasta cuándo durará esto? No es falta de fe, sino confianza que se queja. Y el salmo no termina en la queja: cambia de tono al final, seguro de haber sido escuchado. Enseña a orar desde el límite sin quedarse en él, dejando que la certeza del amor de Dios tenga la última palabra.
«El Señor ha oído la voz de mi llanto; el Señor ha recibido mi oración.»
Del rezo a la paz
Rezar abre el corazón; confesar suelta el peso. Hazlo aquí, en la penumbra donde nadie ve tu rostro. Es anónimo y siempre está abierto.
Confiésate ahoraSalmo 51 (Miserere): la gran oración de perdón
El salmo penitencial por excelencia: "Crea en mí un corazón limpio".
Salmo 38: cuando el pecado pesa como una carga
El peso de la culpa: "Mis culpas me abruman como una carga pesada".
Salmo 102: oración del afligido que desfallece
La fragilidad ante Dios: "Mis días se desvanecen como el humo".