Contra un pecado

Oración para vencer la pereza y recuperar el fervor

La pereza que la tradición llama acedia no es solo no hacer nada: es la tristeza y el desgano ante lo que de verdad importa. Esta oración pide a Dios reavivar el fuego cuando el corazón se enfría y la fuerza para retomar, paso a paso, aquello que habíamos dejado a medias.

Señor, sacúdeme de la tibieza y del desgano que apagan mi alma.

Reaviva en mí el deseo de lo bueno cuando ya no tengo ganas, y dame fuerzas para empezar aunque me cueste.

Ayúdame a retomar lo que dejé a medias: la oración, mis deberes, el cuidado de los que amo.

Enciende de nuevo tu fuego en mi corazón, para servirte con alegría y no por obligación. Amén.

La pereza espiritual se disfraza de otra cosa

La acedia rara vez parece pereza: se esconde tras la hiperactividad, la distracción constante o el "ya lo haré mañana". Su síntoma es una tristeza sorda, la de saber que estamos dejando pasar lo importante. Reconocerla es empezar a salir de ella.

Empezar por lo mínimo

Contra el desgano, el mejor remedio no es la gran resolución, sino el paso pequeño y fiel: rezar dos minutos, empezar la tarea diez minutos, dar el primer paso aunque no apetezca. La diligencia es amor puesto en obras, y se entrena empezando, no esperando a tener ganas.

«Lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas.»
Eclesiastés 9:10

Del rezo a la paz

Rezar abre el corazón; confesar suelta el peso. Hazlo aquí, en la penumbra donde nadie ve tu rostro. Es anónimo y siempre está abierto.

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