Oración para vencer la pereza y recuperar el fervor
La pereza que la tradición llama acedia no es solo no hacer nada: es la tristeza y el desgano ante lo que de verdad importa. Esta oración pide a Dios reavivar el fuego cuando el corazón se enfría y la fuerza para retomar, paso a paso, aquello que habíamos dejado a medias.
Señor, sacúdeme de la tibieza y del desgano que apagan mi alma.
Reaviva en mí el deseo de lo bueno cuando ya no tengo ganas, y dame fuerzas para empezar aunque me cueste.
Ayúdame a retomar lo que dejé a medias: la oración, mis deberes, el cuidado de los que amo.
Enciende de nuevo tu fuego en mi corazón, para servirte con alegría y no por obligación. Amén.
La pereza espiritual se disfraza de otra cosa
La acedia rara vez parece pereza: se esconde tras la hiperactividad, la distracción constante o el "ya lo haré mañana". Su síntoma es una tristeza sorda, la de saber que estamos dejando pasar lo importante. Reconocerla es empezar a salir de ella.
Empezar por lo mínimo
Contra el desgano, el mejor remedio no es la gran resolución, sino el paso pequeño y fiel: rezar dos minutos, empezar la tarea diez minutos, dar el primer paso aunque no apetezca. La diligencia es amor puesto en obras, y se entrena empezando, no esperando a tener ganas.
«Lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas.»
Del rezo a la paz
Rezar abre el corazón; confesar suelta el peso. Hazlo aquí, en la penumbra donde nadie ve tu rostro. Es anónimo y siempre está abierto.
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