Contra un pecado

Oración para vencer la envidia y alegrarte del bien ajeno

La envidia es el único vicio que no da ningún placer: solo amarga. Esta oración pide a Dios sanar la comparación constante y ensanchar el corazón hasta poder alegrarse del bien ajeno como si fuera propio. Porque el amor de Dios no se reparte por raciones: alcanza para todos, entero.

Señor, sana mi corazón de la envidia y de la comparación que me roba la paz.

Enséñame a alegrarme sinceramente del bien de los demás, en lugar de entristecerme por él.

Ayúdame a agradecer lo que me has dado a mí, sin medir mi vida por la de otros.

Ensancha mi corazón con tu caridad, para bendecir a quien me cuesta bendecir. Amén.

La mentira que alimenta la envidia

La envidia se apoya en una mentira: que el valor y el amor son limitados, de modo que lo que otro recibe me lo quita a mí. Es falso. El bien del otro no disminuye el mío. Reconocer esa mentira es el primer paso para desactivar la envidia.

Gratitud y bendición como antídoto

Dos gestos concretos curan la envidia: agradecer lo propio (para dejar de mirar lo del vecino) y bendecir de corazón a quien envidiamos. Cuesta al principio, pero desarma el resentimiento y, poco a poco, enseña al corazón a alegrarse con quien se alegra.

«Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.»
Romanos 12:15

Del rezo a la paz

Rezar abre el corazón; confesar suelta el peso. Hazlo aquí, en la penumbra donde nadie ve tu rostro. Es anónimo y siempre está abierto.

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