La avaricia: el afán desmedido de poseer
Deseo desordenado de riquezas y bienes materiales, y el apego a retenerlos que endurece el corazón frente a las necesidades del prójimo.
¿Qué es la avaricia?
La avaricia es hacer del tener el sentido de la vida. No consiste en poseer, sino en dejarse poseer: en que el dinero, las cosas o la seguridad ocupen el lugar que solo Dios y las personas deberían tener. El avaro nunca tiene suficiente porque busca en las cosas una plenitud que las cosas no pueden dar.
Cómo se disfraza hoy
Hoy la avaricia se viste de «prudencia» y de «éxito». Aparece en la incapacidad de compartir, en medir las relaciones por lo que dan, en trabajar sin descanso sacrificando a los seres queridos, en la ansiedad constante por acumular más. No es un problema solo de ricos: se puede ser avaro con muy poco.
El camino de vuelta: la generosidad
La generosidad libera. Dar rompe el hechizo de la posesión y devuelve a las cosas su justo lugar: instrumentos, no dioses. Practica el desapego regalando lo que no usas, dando sin esperar retorno y abriendo la mano ante quien lo necesita. Quien da descubre, paradójicamente, que nada le falta.
¿Cómo saber si la avaricia está en ti?
- ✦Nunca sientes que tienes suficiente, por mucho que acumules.
- ✦Te cuesta compartir o dar sin calcular qué recibes a cambio.
- ✦Mides tu valor y el de los demás por lo que poseen.
- ✦La ansiedad por el dinero te roba la paz y el descanso.
- ✦Antepones bienes materiales a las personas que amas.
Cómo vencer la avaricia: el camino de la generosidad
- 1.Practica el diezmo o una limosna regular, aunque sea pequeña.
- 2.Regala algo que te cueste desprender esta misma semana.
- 3.Agradece lo que ya tienes antes de desear lo que te falta.
- 4.Pon límites al trabajo para no sacrificar a los tuyos.
- 5.Confiesa el apego y pide en oración un corazón desprendido.
«Porque raíz de todos los males es el amor al dinero.»
Confiésalo y suéltalo
Reconocer el pecado ya es empezar a vencerlo. Confiésalo aquí, en el anonimato, y recibe el perdón de una comunidad que no juzga.
Confiésate ahora