Contra un pecado

Oración para vencer la lujuria y vivir en pureza

La lujuria promete libertad y encadena. Esta oración pide a Dios fuerza en la tentación y un corazón puro, capaz de ver en cada persona su dignidad y no un objeto. No es una oración de vergüenza, sino de libertad: por muchas veces que caigas, siempre puedes volver a empezar.

Señor, dame un corazón puro y una mirada limpia, que vea en cada persona tu imagen y no un objeto de deseo.

Fortaléceme en la tentación y líbrame de aquello que me esclaviza y me deja vacío.

Cuando caiga, dame la humildad de levantarme enseguida y volver a Ti sin miedo.

Enséñame a amar de verdad, con respeto y con entrega, y devuélveme la libertad del corazón. Amén.

La tentación no es el pecado

Sentir la tentación no es pecar: incluso los santos la sintieron. El pecado empieza cuando consentimos. Por eso esta oración pide fuerza justo en el momento de la lucha, y también la humildad de levantarse rápido cuando se cae, sin dejar que la vergüenza nos aleje de Dios.

De la vergüenza a la libertad

La lujuria se alimenta del secreto y de la vergüenza. Sacarla a la luz —en la oración, en la confesión, ante alguien de confianza— le quita su poder. La pureza no es un imposible: es un camino que se recorre paso a paso, siempre sostenido por la misericordia.

«Huid de la fornicación... glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.»
1 Corintios 6:18-20

Del rezo a la paz

Rezar abre el corazón; confesar suelta el peso. Hazlo aquí, en la penumbra donde nadie ve tu rostro. Es anónimo y siempre está abierto.

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